la mujer miro de reojo la actitud del hombre que de pronto tenia postrada su vista en la bragueta de chico que iba a su lado, el chico sonrió penosamente al saberse observado y lentamente volteo a ver la cara de su madre, todos siguieron su distinto rumbo, desde la azotea de aquel hotel los miraba yo, un poco cachondo con la imaginacion revoloteando como el aroma del mar que se venia a posar en mi ventana.
sabiendome castigado esa noche, por la ausencia de algún amante incondicional, se venían a mi mente las imagenes de la sonrisa del chico, la mirada del hombre , la actitud de la mujer, me decido ahora por la labor de escribir un relato que hable de ellos, de su encuentro fortuito, y de las muchas veces que el destino se encarga de ponernos a uno frente al otro....
la tarde que rosa caminaba por el parque central de la ciudad, estaba en busca de un hombre, su mirada pasaba de hombre a hombre, todos ellos maduros, que bien podrían ser su padre, en medio de su desesperacion, paraba a alguno de ellos, para hacerle la misma pregunta:
- ¿ ha visto usted a mi hijo?
encontraba en algunos rostros un asombro natural, en otros miraba como la ausencia de palabras denotaba que si conocían al chico, pero que no le habían visto recientemente, algunos decían simplemente no, creyendo que se trataba de una loca, rosa un poco impaciente por no tener noticias, asumió una locura pasiva, que la llevaba desde hace algunos meses a caminar por ses parque y hacer la misma pregunta, la gente la reconocía, los vendedores de dulce, y los viejos que se acercan a las bancas a dar de comer a las palomas, la reconocen ya, algunos de esos viejos no, algunos apenas y se reconocen a si mismos, y creen saber quienes son en realidad.el policía, la barrendero, el jardinero, de vez en cuando hablan de ella, le llaman loca, aunque por fuera no los paresca.
hace tres meses desaprecio hector, el único hijo de rosa, un chico moreno, veintidós años, de un cuerpo magro, varonil, cabellos rizados y de muy buen ver, la primera vez que hector salio de casa solo, rosa se había quedado tranquila sabiendo que su hijo hiba a la biblioteca a estudiar, el muchacho gustaba del estudio pero , gustaba mas de los hombres, sus salidas a la biblioteca se convertían en huidas a la playa, en visitas al cine, y en caminatas al parque, rosa ni siquiera se enteraba y el chico era muy sigiloso y sabia esconderse de algún vecino chismoso, o de algún pariente que lo delatara con la madre.
para cuando el chico cumplió los dieciocho salia de casa por la tarde y regresaba hasta la mañana siguiente, los encuentros sexuales eran cada vez mas frecuentes, había tenido amoríos con la mitad de los visitantes asiduos al parque de sus sueños, caminaba, se paraba a platicar con algún tipo, seguía caminando, se sentaba en alguna banca, se le acercaba algún chico, charlaba y luego se iba, si tenia suerte, encontraba algo que realmente le agradara, hombres rubios, el solo caminaba al paso de los hombres rubios, podrían ser extranjeros, y se sentía mucho mejor, pero podrían ser chicos comunes de la ciudad, solo existía el extraño y forzoso fetiche de que debian ser rubios....
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